BALDOSAS CERÁMICAS.- Problemática en la colocación.

Francisco García Olmos

Director de la calidad de ACE edificación S.L.

 

Los productos de la industria cerámica, cada vez más sofisticados y con mayores prestaciones, no han encontrado, en el sector de la edificación, el acompañamiento de unas técnicas de colocación adecuadas. Las recetas al uso, lejos de todo procedimiento normalizado, se han enquistado en la práctica de la colocación. Los fallos en los revestimientos proporcionan costes económicos importantes y desprestigian una unidad de obra tan preciada en nuestra tradición. La preocupación en este sentido es importante y esto ha llevado, por ejemplo, al Instituto de Promoción Cerámica dependiente de la Diputación de Castellón al desarrollo de un ambicioso proyecto relacionado con la colocación, interesante para toda la clase técnica.

 

Muchos de los problemas, derivados de la colocación de los revestimientos, que terminan en el deterioro precoz del los mismos parten, a mi juicio, de una concepción errónea de la estabilidad de las formas y dimensiones de las estructuras y los materiales de construcción que habitualmente usamos.

Estructuras que están sujetas a deformaciones y variacines dimensionales que, de no ser adecuadamente previstas, van a transferir esfuerzos adicionales a otros elementos.

Materiales como los morteros de cemento portland, inadecuadamente dosificados, sujetos a importantes retracciones o la, algunas veces discutida influencia, de la expansión por humedad de las baldosas cerámicas.

La magnitud de estos fenómenos se ve acrecentada por la rapidez en la ejecución de las obras. Sin unas técnicas adecuadas, el acortamiento de los periodos de ejecución, tan positivo en otros aspectos, puede convertirse en un introductor de tensiones añadidas en muchos de los elementos de los edificios.

Todos estos parámetros no pueden ser evaluados por el colocador que, en general, aplicará una receta universal independientemente del riesgo que suponga.

En la ejecución de los pavimentos cerámicos, por ejemplo, se aplican, con asiduidad, técnicas importadas de la colocación de otros pavimentos con algunas variantes. El sistema que constituye la torta de mortero y las baldosas cerámicas, se aísla del forjado con una capa de separación a base se gravilla suelta pero, por el contrario, se elude cualquier tipo de junta que lo separe en su perímetro. Los movimientos relativos entre el pavimento y su entorno quedan, por lo tanto coartados en el plano horizontal por los muros, soportes, tabiques etc. que, a su vez, son solidarios con la estructura. La aparición de movimiento en el plano horizontal como la retracción del hormigón de los forjados, o los posibles efectos de expansión térmica o por humedad de las baldosas cerámicas causan en ocasiones el levantamiento de las baldosas del pavimento.

En ocasiones se establecen falsas juntas como la representada en la figura 2 que no llegan a cortar todo el sistema y por lo tanto son inservibles. Los esfuerzos se transmiten a través del mortero.

Otro problema, quizás más extendido, lo constituyen las deformaciones de la capa de mortero de agarre. La necesidad de dotar al pavimento de cierta consistencia ha llevado a la utilización de gruesas capas de mortero. Estas capas de mortero, (3 cm a 7 cm de espesor), dejan de ser, en puridad, una mera capa de agarre para convertirse en una solera de mortero con las características propias de estos elementos y con el agravante del empleo de dosificaciones incontroladas. Normalmente, estos morteros se elaboran con exceso de agua, con la justificación de obtener una lechada en su superficie para conseguir la adherencia de las baldosas.

El sistema, en estos casos, adolece de introducir un elemento susceptible de experimentar importantes deformaciones por retracción. Los dos materiales en contacto, con distintas deformaciones, curvan el sistema.

Es importante destacar que este tipo de defecto no puede evitarse con la colocación de juntas perimetrales ni en las uniones entre baldosas, sino con el cambio de técnica de colocación, que minimice o elimine, los esfuerzos de la retracción en la capa de mortero. De emplearse este sistema de colocación ha de recurrirse al empleo de morteros extremadamente secos con el complemento de una capa de adherencia para las baldosas.

Los revestimientos de las paredes presenta también problemas importantes. Influyen en este apartado varios factores que han de tenerse en cuenta:

Por un lado el empleo del mal llamado "sistema tradicional" de colocación, con pelladas de mortero de cemento portland sobre el dorso de las baldosas. Estos morteros no en todas las ocasiones adhieren las piezas en el grado suficiente, especialmente cuando la textura de la cara de las baldosas por su escasa porosidad lo impide. Por otra parte, se constituye un sistema rígido, incapaz de absorber movimientos de cualquier origen. Movimientos que se ven facilitados, en todos los casos por la ausencia de cualquier tipo de junta flexible en el perímetro del paño y en entre las baldosas.

En definitiva se hace preciso un esfuerzo, desde el momento del diseño, en la elección de las soluciones concretas para cada caso, el establecimiento de todos los elementos necesarios como juntas perimetrales, juntas de dilatación etc. y la especificación de los materiales y productos seleccionados con racionalidad.

Es evidente la progresiva, aunque lenta, introducción de nuevos materiales específicos para la ejecución de los revestimientos que, utilizados juiciosamente, mejorarán sin duda los aspectos aquí comentados. Sin embargo se corre el riesgo de que, a falta de una planificación y un control del proceso global, se desemboque, de nuevo, en unas técnicas de colocación igual de erróneas que las actuales pero más caras.